En el mundo empresarial, donde las reglas han sido tradicionalmente escritas por hombres, hay mujeres que han decidido no solo jugar el juego, sino reescribir las reglas. Hoy hablamos con dos líderes que han desafiado barreras, superado prejuicios y marcado la diferencia en sus respectivos sectores: Eva Òdena Jardí y Almira Zainutdinova.

Eva

Eva Òdena Jardí es una referente en el sector de la innovación y el crecimiento empresarial. Con más de 30 años de experiencia en Compass Group, ha liderado equipos, impulsado el desarrollo de negocios y trabajado en la representación institucional de una de las compañías de servicios más influyentes del mundo. Su enfoque en el liderazgo humanista y su apuesta por atraer y retener talento la han convertido en una inspiración para muchas mujeres que buscan hacerse un hueco en posiciones estratégicas.

Almira

Almira Zainutdinova, por su parte, ha construido su carrera en la intersección de la comunicación, la tecnología y la educación. Con más de 20 años de trayectoria en empresas como Microsoft, Airbus y Técnicas Reunidas, ha liderado equipos internacionales, desarrollado estrategias de comunicación global y explorado el impacto de la inteligencia artificial en los procesos lingüísticos. Su pasión por la educación y la mentoría la han llevado a compartir su conocimiento con las nuevas generaciones, convencida de que el futuro se construye con aprendizaje y valentía.

Dos mujeres, dos trayectorias brillantes, una misma realidad: el camino al liderazgo femenino sigue plagado de desafíos. En esta conversación, descubriremos sus experiencias, sus estrategias para romper barreras y las lecciones que pueden inspirar a la próxima generación de mujeres en el mundo empresarial.

El reto de ser mujer en un mundo de hombres

“Ser ambiciosa no excluye ser generosa, ni ser sensible” – Eva Òdena Jardí

“Nuestro trabajo exige un esfuerzo adicional para garantizar que la calidad técnica y la precisión lingüística vayan de la mano” – Almira Zainutdinova

Ser mujer en el mundo laboral significa estar constantemente en una prueba de fuego. No basta con ser competente; hay que demostrarlo una y otra vez. No basta con ser ambiciosa; hay que justificarlo. No basta con liderar; hay que hacerlo el doble de bien para que se nos tome en serio.

Tanto Eva como Almira han experimentado en carne propia las barreras que muchas mujeres enfrentan en su camino profesional. Desde los prejuicios sobre la ambición femenina hasta la falta de referentes en posiciones de liderazgo, ambas han tenido que desafiar un sistema que aún no está diseñado para darles el mismo espacio que a sus pares masculinos.

Eva lo tiene claro:

“La ambición, tradicionalmente, ha sido vista como una cualidad positiva en los hombres. Para nosotras, en cambio, sigue siendo algo que debemos justificar”.

Durante su carrera, ha visto cómo se espera que las mujeres agraden a todos, evitando decisiones firmes o estrategias arriesgadas por miedo a ser percibidas como demasiado duras. Además, ha lidiado con la falta de referentes femeninos en liderazgo:

“Imitamos a quienes admiramos. Si no hay mujeres en la cima, ¿cómo podemos visualizar nuestro propio  camino? La buena noticia es que los ejemplos a seguir se están multiplicando. Desde Marta Álvarez en El Corte Inglés hasta Ana Patricia Botín en Santander y Marta Ortega en Inditex, cada vez vemos más mujeres liderando grandes compañías. Y esto no solo es simbólico: la representación importa.”

– afirma Eva.

Ver a mujeres ocupando roles de liderazgo inspira y traza un camino para las futuras generaciones. Porque cada mujer que llega a la cima no solo rompe techos de cristal, sino que construye escaleras para las que vienen detrás.


Para Almira, el reto ha sido abrirse camino en entornos dominados por hombres, especialmente en sectores técnicos. Recuerda que, al inicio de su carrera como intérprete para una organización internacional de derechos humanos, enfrentó comentarios misóginos provenientes de figuras de autoridad.

“Lo más sorprendente fue que provenían de autoridades oficiales. Enfrentarme a ese ambiente siendo joven y con una visión idealista del mundo no fue fácil”

Su estrategia fue clara: mantener la compostura, centrarse en su trabajo y demostrar su valía a través de la profesionalidad.

Pero demostrar el doble no es suficiente si las reglas del juego no cambian. Como explica Almira, dentro de una empresa de ingeniería, su equipo de lingüistas y profesionales de Humanidades muchas veces se ha sentido como:

“An alien in New York”

A pesar de los avances, aún es común que el trabajo de las mujeres en sectores técnicos o estratégicos se cuestione más o se valore menos.

Entonces, ¿hasta dónde estamos dispuestas a llegar para desafiar estos estereotipos? ¿Cómo podemos cambiar la narrativa para que la próxima generación no tenga que enfrentarse a las mismas barreras?

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Cómo se abren camino: estrategias para desafiar el sistema

Si ser mujer en el mundo laboral es un reto, liderar siendo mujer es una prueba de resistencia diaria. Porque el problema no es solo llegar a la cima, sino mantenerse ahí sin renunciar a una misma.

Eva Òdena Jardí lo explica sin rodeos:

“La conciliación para las mujeres líderes sigue siendo una lucha. Las expectativas tradicionales aún pesan sobre nosotras, y el equilibrio entre nuestra carrera y las responsabilidades domésticas es un desafío constante”.

Durante años, ha tenido que hacer malabares entre reuniones estratégicas y compromisos familiares, enfrentándose a una doble exigencia que rara vez recae sobre sus colegas masculinos.

El peso emocional de esta presión es real. Eva lo confiesa con honestidad:

“Ahora, mirando atrás, diría que lo llevé bien. Pero la cruda realidad es que he pasado muy malos momentos, sintiéndome ‘mala madre’ por no estar físicamente cuando mis hijos me necesitaban”.

La culpa, muchas veces autoimpuesta, ha sido una carga con la que ha aprendido a lidiar, entendiendo que la maternidad no debe ser vista como un obstáculo, sino como una oportunidad para desarrollar y enriquecer habilidades de liderazgo.

Almira Zainutdinova, por su parte, ha enfrentado una realidad diferente, pero igual de desafiante. Al haber construido su carrera en entornos técnicos e internacionales, tuvo que superar barreras adicionales:

“Vengo de otro país, así que el apoyo familiar fue distinto. No tenía a mi familia cerca y dependía principalmente de la familia política”.

La falta de políticas de conciliación tampoco ayudaba:

“En mi país de origen, la baja médica por enfermedad de un hijo es remunerada. En España, tuve que usar mis vacaciones para cuidarlo”.

Además, la presión por mantener el equilibrio entre vida personal y profesional fue brutal:

“Era como ‘El juego del calamar’: pruebas constantes, sin margen de error y con una presión inmensa por hacerlo todo bien”.

Viajar por trabajo mientras su hijo la esperaba en casa no fue fácil, pero encontró su propio camino para seguir adelante sin renunciar a lo que realmente importa.

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Posicionarse y marcar límites: una cuestión de supervivencia

Pero la conciliación no es la única batalla. La lucha por el respeto y la visibilidad también ha sido clave. Eva  recuerda una situación en la que un potencial colaborador de su empresa dejó claro que no quería tratar con una mujer.

“Le dijo a mi director general que prefería negociar con un hombre. Mi respuesta fue clara: solo había una directora comercial, y era yo. O trabajaba conmigo o no hacíamos acuerdo”.

En ese momento, su jefe respaldó su postura sin dudarlo, pero ¿cuántas mujeres han tenido que enfrentarse a este tipo de discriminación sin recibir apoyo?

Para Almira, el desafío ha sido demostrar que su trabajo en comunicación y lingüística dentro de una empresa de ingeniería es igual de crítico que cualquier otra área técnica.

“Trabajamos en un entorno mayoritariamente masculino. Siendo lingüistas en una gran empresa de ingeniería, a veces nos sentimos como en la canción de Sting: ‘I’m an alien in New York’”.

Pero ha aprendido que la única manera de que se valore su labor es demostrarlo cada día con resultados impecables.

Lección clave:

  • Hacerse respetar desde el minuto uno.
  • No ceder ante la presión de cumplir con expectativas irreales.
  • Recordar que el liderazgo no es cuestión de género, sino de capacidad y visión.

Estrategias para liderar en un mundo que no siempre acepta a las mujeres

Romper barreras no es suficiente. Para mantenerse en la cima, hay que reinventarse constantemente, demostrar valor una y otra vez y, sobre todo, no ceder ante las normas impuestas por otros.

Eva Òdena Jardí tiene claro cuál ha sido su estrategia:

“Hacerse respetar desde el minuto uno”.

A lo largo de su carrera, ha construido su liderazgo con base en tres pilares: preparación, organización y sacrificio.

“He trabajado duro, me he formado en IESE y, sobre todo, me he organizado muchísimo. Pero, sin duda, también he tenido que renunciar a mucho tiempo para mí”.

Pero el verdadero éxito no es individual, sino colectivo. Para Eva, el liderazgo no consiste en ser la mejor, sino en rodearse de los mejores. Su enfoque es claro:

“Atraer, capacitar y fidelizar talento fue clave. Siempre busqué tener a los mejores en mi equipo, incluso mejores que yo. Un estilo de liderazgo que reconoce que cada profesional no solo aporta manos y horas de trabajo, sino también ideas, emociones y aspiraciones que pueden contribuir directamente al crecimiento del negocio. Construir relaciones transparentes y a largo plazo ha sido clave en mi carrera”.

Y aquí radica una de sus grandes fortalezas: construir equipos que no solo trabajen, sino que crezcan juntos.

Almira Zainutdinova, por su parte, ha basado su crecimiento profesional en la resiliencia y la adaptación. Su carrera en comunicación y tecnología ha estado marcada por la necesidad de demostrar, constantemente, que su trabajo es esencial en un entorno donde la ingeniería y la técnica son protagonistas.

“Nuestro trabajo siempre exige un esfuerzo adicional para garantizar que la calidad técnica y la precisión lingüística vayan de la mano”.

Su liderazgo se define por una palabra clave: empatía.

“Para mí, ser líder significa brindar un apoyo genuino a quienes me rodean. Asegurarme de que se sientan parte del equipo, valorados y realizados profesionalmente”.

Almira cree que la clave para un equipo exitoso es un ambiente laboral positivo, donde cada persona se sienta escuchada y comprendida.

“Cuando las personas se sienten valoradas y escuchadas, trabajan con mayor compromiso y creatividad”.

Pero hay algo más que ambas comparten: la convicción de que el liderazgo no es solo cuestión de dirigir, sino de inspirar.

“Un líder debe ser ejemplo. Debe inspirar a los demás para que brillen, para que les motive lo que hacen”, dice Eva.

Almira coincide y agrega: «Un verdadero líder no teme reconocer sus errores ni mostrar su lado humano”.

Lección clave:

  • La excelencia se construye con preparación y trabajo duro.
  • El liderazgo no es individualismo, es construir equipos sólidos.
  • La empatía y la inspiración son tan importantes como los resultados.

¿Lideramos diferente? La eterna pregunta

Las mujeres en el mundo laboral no solo tienen que demostrar que son capaces, sino que además enfrentan una pregunta recurrente: ¿Lideramos diferente a los hombres?

Eva Òdena Jardí responde con claridad:

“Las mujeres somos distintas, emocionalmente hablando, y por tanto nuestro estilo de liderazgo no se basa solo en conseguir objetivos, sino en cómo los conseguimos”.

La escucha activa, la sensibilidad y la empatía son rasgos que suelen estar más presentes en las mujeres líderes.

“Nosotras nos enfocamos en el qué, quién y cómo; los hombres, en cambio, suelen centrarse solo en el qué”.

Para Almira Zainutdinova, más que una cuestión de género, es una cuestión de enfoque y personalidad.

“Cada persona es un mundo. Sí, muchas mujeres solemos manejar mejor la multitarea y prestamos más atención a los detalles, pero también influye el temperamento y la experiencia de cada uno”.

No obstante, reconoce que en su experiencia, los hombres suelen preferir una comunicación más directa y sin rodeos, mientras que las mujeres:

“Ponemos especial atención en los matices, porque sabemos que los detalles pueden marcar la diferencia”.

Eva recuerda que, en muchas ocasiones, se ha enfrentado a comentarios sobre su estilo de liderazgo, especialmente en comparación con sus colegas masculinos.

“Durante años, tuve que ‘navegar’ en un entorno dominado por hombres y superar el escepticismo de quienes no me veían como una líder fuerte”.

Almira ha vivido algo similar en su sector:

“Siendo lingüistas dentro de una gran empresa de ingeniería, a veces sentimos que estamos en otro planeta”.

Sin embargo, ha aprendido que, sin importar el entorno, la clave es mantenerse firme en la visión propia del liderazgo y en la confianza en lo que se aporta.

Reflexión final:

  • ¿Lideramos diferente? Tal vez. Pero eso no significa que una forma sea mejor que otra.
  • El liderazgo femenino no es una alternativa al liderazgo masculino. Es una evolución.
  • Lo importante no es si somos diferentes, sino si somos efectivas. Y los resultados hablan por sí solos.

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Los valores que nos definen

Liderar no es solo tomar decisiones estratégicas; también es guiar con principios sólidos. Tanto Eva como Almira han construido su carrera sobre valores que consideran innegociables.

“El puedo hacerlo, la responsabilidad, la honestidad y la colaboración son los pilares que me han permitido crecer y hacer crecer a otros”.

– Eva Òdena Jardí

Para Almira, la clave está en la ética, la curiosidad y el respeto por la diversidad.

“Creo que los valores éticos son fundamentales, tanto en el entorno laboral como en la vida en general. El respeto hacia las culturas y tradiciones de los demás es esencial para construir un ambiente de trabajo inclusivo y armonioso”.

– Almira Zainutdinova

Además, Almira destaca la importancia de la educación y la mente abierta como principios fundamentales para su crecimiento profesional y personal.

“Siempre hay algo nuevo por aprender y explorar, y debemos estar dispuestos a aceptar y adaptarnos a las diferencias”.

El precio del éxito y la conciliación: ¿se puede tenerlo todo?

Éxito profesional y vida personal. Dos mundos que, en teoría, deberían coexistir en armonía, pero que en la realidad colisionan constantemente. Porque la verdad es que, para muchas mujeres, alcanzar el éxito significa pagar un precio muy alto.

Eva Òdena Jardí no lo oculta:

“Ahora, echando la vista atrás, te contestaría que ha estado difícil pero bien. Pero la cruda realidad es que he pasado muy malos momentos y me he sentido ‘mala madre’ por no pasar más tiempo con mis hijos”.

La culpa la ha acompañado en su trayectoria, especialmente en los momentos en los que sus hijos la necesitaban y ella estaba atrapada entre responsabilidades profesionales ineludibles.

“Las políticas de maternidad son insuficientes. Los horarios del colegio no cuadran con los del trabajo. La culpa, muchas veces autoimpuesta, nos consume. Sentimos que mucho tiempo en el trabajo nos hace malas madres. Es normal que la maternidad ocupe un espacio tan grande en nuestras vidas, que nos fuerce a recobrar el significado de nuestra existencia en el trabajo.”

Para Almira Zainutdinova, la lucha ha sido doble: ser madre y, al mismo tiempo, construir una carrera lejos de su país de origen.

“No tenía a mi familia cerca y dependía principalmente de la familia política. En mi país de origen, la baja médica por enfermedad de un hijo es remunerada. En España, tuve que usar mis vacaciones para cuidarlo”.

Pero no se trataba solo de días libres: también tuvo que enfrentarse a la distancia cuando los viajes de trabajo la mantenían alejada de su hijo.

La maternidad, lejos de ser un freno, ha sido una prueba de resistencia. Eva lo resume así:

“Tenemos que ser empáticas y pacientes con nosotras mismas. Confiar en nuestra capacidad de reinventarnos y de seguir creciendo como madres, como profesionales… como personas”.

Lección clave:

  • No hay una fórmula perfecta para la conciliación, solo decisiones difíciles.
  • El éxito tiene un precio, pero no debería ser la culpa.
  • El cambio real no depende solo de nosotras: las políticas y las empresas también deben evolucionar.

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Más allá del trabajo: lo que nos inspira

El liderazgo no se construye solo en la oficina. Lo que nos motiva fuera del trabajo influye en nuestra forma de liderar, tomar decisiones y conectar con los demás. Para Eva y Almira, sus pasiones son más que un escape: son una fuente de inspiración que impacta en su forma de trabajar y liderar.

“Me inspira el mar y eso me lleva a escribir cosas que siento. Me gusta navegar y caminar por la montaña, un buen libro y un buen vino. Me gusta estar y cuidar a mi familia y compartir momentos con buenos amigos”.

– Eva Òdena Jardí

Pero su pasión va más allá del descanso. Eva se nutre de ideas y experiencias que la impulsan a ser mejor líder.

“Me apasionan conferencias de personas que transmiten motivación, entusiasmo, positividad, fortaleza y hablan del poder de las emociones; en definitiva, la importancia de las Relaciones Humanas y cómo nos fortalecen o nos debilitan”.

Para Almira, su pasión está en la educación y la escritura, dos áreas que han marcado su trayectoria profesional.

“Me apasiona mucho colaborar como facilitadora educacional, porque creo que la educación debe ir más allá de los conocimientos teóricos. Los estudiantes necesitan herramientas prácticas que les permitan enfrentar el mundo real”.

– Almira Zainutdinova

Además, la escritura es su otra gran fuente de inspiración, una actividad que no deja de lado a pesar de su agenda apretada.

“Me encanta escribir, especialmente sobre Ciencia, Tecnología y Cultura. Aunque mi agenda es apretada, siempre encuentro tiempo para dedicarme a escribir, ya sea en mis ratos libres o durante los fines de semana”.

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Lecciones para la próxima generación: el momento es ahora

Si algo tienen claro Eva y Almira es que el cambio no vendrá si esperamos a que las condiciones sean perfectas. El liderazgo femenino no necesita más excusas ni más barreras invisibles: necesita acción.

Eva es directa:

“Que no tengan miedo, que se atrevan, que la maternidad es una gran oportunidad”.

Demasiadas veces, las mujeres han crecido con el mensaje de que la familia y el éxito profesional no son compatibles, cuando en realidad, ser madre potencia habilidades esenciales para el liderazgo: gestión del tiempo, resiliencia, empatía y toma de decisiones bajo presión.

Pero la primera barrera que hay que derribar es interna.

“Las primeras en empoderarse son ellas mismas. Nadie lo hará por ellas”.

– Eva Òdena Jardí

Almira refuerza la misma idea:

“Sé valiente y segura de ti misma, no tengas miedo de tomar riesgos y de seguir tus pasiones”.

– Almira Zainutdinova

Pero también añade un consejo fundamental: no todo en la vida es trabajo.

“Tómate el tiempo para descubrir lo que realmente te inspira fuera del mundo empresarial. Encuentra tu ikigai — ese equilibrio entre lo que amas, lo que eres buena haciendo, lo que el mundo necesita y lo que puedes ser pagada por hacer”.

Esperar el momento perfecto es una trampa. Nunca llega. El camino se construye con cada paso que damos, con cada decisión que tomamos, con cada límite que nos atrevemos a desafiar.

“Desafía los estereotipos de género. No dejes que te perciban como ‘menos capaz’ o ‘menos adecuada’ para liderar en comparación con los hombres”.

Si estás esperando el momento ideal para atreverte, no va a llegar. Empieza ahora.

Gracias por ser parte del cambio

El camino hacia la igualdad en el liderazgo no es fácil, pero con mujeres como Eva y Almira, sabemos que estamos avanzando. Sus historias nos recuerdan que el éxito no es solo personal, sino colectivo: cada paso que damos abre puertas para las que vienen detrás.

Gracias a Eva y Almira por compartir su experiencia, su visión y su valentía. Y gracias a ti, que has llegado hasta aquí, por formar parte de esta conversación. Ahora es tu turno: sigue desafiando límites, rompiendo barreras y construyendo el futuro que merecemos.

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